AULeD - Asociación Uruguaya de Licenciados en Desarrollo

10 años, 10 trayectorias: Martina Lejtreger

10 años, 10 trayectorias

Martina Lejtreger

En el marco de los 10 años de la Auled, presentamos un ciclo de entrevistas que busca poner en valor las trayectorias profesionales de egresados y egresadas de la carrera, así como visibilizar los aportes de la formación en desarrollo a los desafíos actuales.

La iniciativa, titulada “10 años, 10 trayectorias”, propone recoger y difundir experiencias diversas que reflejen los distintos caminos posibles a partir de la formación en la Licenciatura en Desarrollo de la Universidad de la República, en ámbitos como la gestión pública, el sector privado, la academia, la cooperación internacional y el trabajo territorial.

Martina Lejtreger

Soy Licenciada en Desarrollo desde 2016 y desde la carrera me fui especializando en cooperación internacional. Siempre tuve la convicción optimista (que reafirmé en la carrera) de que el futuro se construye, y que especialmente para un país como Uruguay, ese futuro depende, en gran medida, de cómo nos posicionamos en el mundo, de cómo resolvemos problemas en colaboración con otros países y de lo que podamos aprender del camino ya recorrido por otros. Después de 10 años de experiencia en el área, hoy en día me desempeño como Oficial de Alianzas y Finanzas para el Desarrollo de la Oficina del Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Uruguay.

¿Por qué elegiste estudiar la Licenciatura en Desarrollo?

Llegué a la carrera después de haber completado dos años de la Licenciatura en Relaciones Internacionales, que en ese momento tenía un enfoque casi exclusivo desde la disciplina del derecho. Un evento compartido entre las dos carreras sobre cooperación internacional me cambió el rumbo. Ahí me enteré de que existía la Lic. en Desarrollo y me di cuenta de que eso era lo que quería para mi formación de grado: una carrera interdisciplinar, enfocada en los problemas del desarrollo, donde había espacios teóricos, pero también prácticos para intercambiar junto a otros estudiantes sobre los desafíos que nos afectan como sociedad.

Mirando hacia atrás, ¿Qué herramienta, concepto o forma de pensar de la carrera usas más hoy, aunque a veces no te des cuenta?

Hay dos formas de pensar, complementarias entre sí, que me dejó la carrera y que aplico cotidianamente en el análisis y la gestión de proyectos de cooperación. Por un lado, la curiosidad de ir hacia las causas estructurales de los problemas del desarrollo, para comprenderlos desde sus distintas facetas y niveles. Por otro, la capacidad de identificar, en esos contextos, a los actores con intereses diversos y los espacios de convergencia entre ellos. Esos dos lentes permiten leer las situaciones en profundidad y recurrir a la interdisciplina como una caja de herramientas desde la que proponer, con creatividad, distintos caminos según el contexto.

¿Hay algún momento, curso o experiencia que te haya hecho un “clic” durante la carrera?

Quizás los cursos que más me marcaron fueron los más filosóficos, los que me permitieron entender las distintas miradas sobre el desarrollo y situar los discursos que circulan hoy. Entre ellas: Problemas del Desarrollo con Reto Bertoni, Bases Teóricas del Desarrollo con Javier Taks, Historia del Pensamiento sobre el Desarrollo con Maria Inés Moraes y Teoría Sociológica del Desarrollo con Rafael Paternain. Además, la carrera me permitió armar un Módulo Optativo Integral (un conjunto de materias temáticas específicas) a medida en cooperación internacional. No fue tanto un clic, pero si una posibilidad y un impulso para seguir ese tema que tanto me apasionaba.

¿Cómo fue tu camino desde que egresaste hasta tu rol actual?

Durante la carrera hice pasantías en la Aladi y la AUCI, y trabajé en la Unidad de Asuntos Internacionales y Cooperación del Mides, donde apoyé la coordinación de la Presidencia Pro Tempore de la Unasur. Luego tuve la hermosa oportunidad (y desafío) de montar la Dirección de Cooperación de la ANEP, donde construimos un portafolio diverso de proyectos en apoyo a la educación pública, con socios multilaterales y bilaterales. Con esa experiencia de gestión, y gracias a la beca Weidenfeld-Hoffman, me fui en 2019 a la Universidad de Oxford a hacer la Maestría en Políticas Públicas. A partir de allí comencé una nueva etapa de trabajo, más analítico, para organismos internacionales, especialmente el Centro de Desarrollo de la OCDE en Francia. A lo largo de este recorrido también tuve la oportunidad de trabajar en la UTEC (un proyecto país que admiro) y de desarrollar mi propio emprendimiento de triple impacto. Hoy en día, aplico esta trayectoria a mi rol como Oficial de Alianzas y Finanzas para el Desarrollo de la Oficina del Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Uruguay, lo cual representa un gran orgullo y una gran responsabilidad en este momento del multilateralismo.

¿Qué aprendizajes destacarías de los distintos ámbitos en los que has trabajado?

Mi trayectoria atravesó distintos ámbitos: el Estado, los organismos internacionales, la academia y el sector privado; y cada etapa me dejó una capa diferente de comprensión sobre cómo abordar el desarrollo. El trabajo en el Mides me dio una primera inmersión en la lógica de la cooperación desde el Estado, aprendí que la coordinación interinstitucional es tan estratégica como técnica, y que los procesos políticos son parte inseparable de cualquier agenda de desarrollo. Montar la Dirección de Cooperación de la ANEP fue quizás el aprendizaje más intenso en términos de gestión. Construir algo desde cero, con recursos limitados y en una institución de enorme escala como la educación pública, me enseñó que la paciencia estratégica y la capacidad de generar confianza son tan importantes como el diseño técnico de los proyectos. El trabajo en el Centro de Desarrollo de la OCDE me abrió una perspectiva analítica que cambió la forma en que abordo los problemas: la gestión tiene que estar en diálogo permanente con la generación de evidencia. La UTEC me mostró el potencial transformador de la academia cuando está al servicio de los problemas del desarrollo. Y mi propio emprendimiento de triple impacto cambió mi percepción sobre el rol del sector privado como agente de cambio. Hoy, en las Naciones Unidas, siento que todas esas capas se activan simultáneamente: la comprensión del sector público y privado, la capacidad de gestión y de análisis y, sobre todo, la convicción de que los cambios más sostenibles ocurren cuando se construyen puentes entre todos esos mundos.

¿Qué mirada o forma de analizar problemas sentís que te dio la carrera y que hoy marca una diferencia en tu trabajo?

La carrera me dio algo que no siempre es fácil de nombrar pero que se nota en la práctica: la capacidad de sostener la complejidad sin paralizarse. En un mundo que tiende a simplificar los problemas para hacerlos manejables, los estudios del desarrollo te entrenan para buscar las capas, las contradicciones, las interdependencias y aun así llegar a propuestas concretas y accionables. En mi trabajo cotidiano eso se traduce en poder sentarme con actores muy distintos y entender que cada uno lee el mismo problema desde una lógica diferente. La carrera me dio herramientas para descifrar esas lógicas, encontrar puntos de convergencia y construir desde ahí.

Desde tu experiencia, ¿Qué aporta una mirada desde los estudios del desarrollo a los desafíos actuales (económicos, sociales, tecnológicos)?

Los estudios del desarrollo aportan una mirada profunda, integral y basada en evidencia que es cada vez más necesaria en este contexto de hiperconectividad y, a la vez, de alta fragmentación. Nuestra capacidad de conectar disciplinas, actores y temáticas puede ayudar a articular nuevos espacios de dialogo, perspectivas y soluciones que no son posibles de generar desde los silos de las disciplinas más tradicionales.

En este contexto de cambios acelerados (IA, transformaciones productivas, etc.), ¿Cómo ves el rol de los profesionales del Desarrollo?

Siguiendo esa misma línea, me imagino a los profesionales del desarrollo como articuladores de nuevos mecanismos de cooperación y coordinación que apalanquen cambios sistémicos con foco en las personas y el planeta. El ejemplo por excelencia de un cambio en este tipo en Uruguay es el de la transición energética. Esto debería animarnos a pensar que transformaciones similares son posibles en otras áreas desafiantes como la vivienda, la pobreza, la productividad, el narcotráfico, entre muchos otros.

¿Qué consejo te hubiera gustado recibir cuando estabas estudiando?

Que, así como el desarrollo, el camino de los profesionales del desarrollo tampoco es lineal.

Si tuvieras que definir en una frase qué significa “pensar en clave de desarrollo”, ¿Cuál sería?

Es una mezcla justa de capacidad crítica y optimismo obstinado (en palabras de Christiana Figueres y Tom Rivett-Carnac, arquitectos del Acuerdo de París, en su libro “El futuro por decidir”).

Una idea que te haya cambiado la forma de ver el mundo:

La categoría de bienes públicos, y en particular, la de bienes públicos globales.

Un desafío urgente para Uruguay:

La transformación de la matriz productiva basada en innovación y empleos de calidad, para mejorar simultáneamente los niveles de bienestar y nuestro impacto ambiental.

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