10 años, 10 trayectorias

Santiago Ventos
En el marco de los 10 años de la Auled, presentamos un ciclo de entrevistas que busca poner en valor las trayectorias profesionales de egresados y egresadas de la carrera, así como visibilizar los aportes de la formación en desarrollo a los desafíos actuales.
La iniciativa, titulada “10 años, 10 trayectorias”, propone recoger y difundir experiencias diversas que reflejen los distintos caminos posibles a partir de la formación en la Licenciatura en Desarrollo de la Universidad de la República, en ámbitos como la gestión pública, el sector privado, la academia, la cooperación internacional y el trabajo territorial.
Santiago Ventós
Trabajo en Fundación de Cultura Universitaria, una institución sin fines de lucro que lleva 60 años editando libros académicos y cuenta con tres librerías. Hace un año empecé un MBA en el IEEM para fortalecer mis habilidades en este rol. Mi enfoque hoy está en: hacer crecer la institución, fortalecer el equipo humano, integrar la tecnología de forma segura, y seguir creando espacios para que autores actuales y futuros desarrollen sus proyectos académicos.
¿Por qué elegiste estudiar la Licenciatura en Desarrollo?
Como toda elección, nunca es lineal. Cuando salí del bachillerato pedí pase para varias facultades; siempre tuve claro que tenía una mirada social. En el medio intenté Arquitectura y no la terminé. Volví a estudiar la Lic. en Desarrollo, luego hice un Master en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano en FADU (pendiente la tesis), y ahora estoy en el MBA del IEEM. Cuento todo esto porque entiendo que fue la Licenciatura la que me dio lo fundamental: la amplitud de poder entender varias disciplinas y generar diálogos entre ellas. Una mirada integral donde no reducís un problema a una sola lógica, sino que sumás los intereses de todos para lograr algo mejor.
Mirando hacia atrás, ¿Qué herramienta, concepto o forma de pensar de la carrera usas más hoy, aunque a veces no te des cuenta?
La carrera me enseñó que un desafío real nunca es solo técnico, económico o social aisladamente, siempre hay capas. Aprendí la necesidad de identificar actores, intereses, dinámicas, que para resolver algo complejo, necesito apoyo de otras disciplinas, no se puede desde una sola. Hoy eso es lo que más uso, antes de cambiar algo, mapeo quiénes están involucrados, qué necesitan, dónde están las resistencias, busco a otras personas para que me ayuden a ver el problema desde lugares diferentes. Es la diferencia entre una iniciativa que muere al año y una que se institucionaliza.
¿Hay algún momento, curso o experiencia que te haya hecho un “clic” durante la carrera?
Primero, Problemas del Desarrollo, un curso que te muestra desde una mirada amplia todos los puntos de vista necesarios para entender el desarrollo. Luego Ciencia, Tecnología e Innovación con Judith Sutz y Rodrigo Arocena, que me enseñaron a ver desde un mirada histórica y apasionante las dinámicas de desarrollo y la importancia de la ciencia en el país. También una asignatura interdisciplinaria donde hicimos un trabajo de campo con estudiantes de Biología, Geografía, Sociología y Desarrollo. Éramos 30 de nosotros haciendo un relevamiento del pueblo: instituciones, recursos naturales, dinámicas sociales y económicas. Una experiencia muy valiosa, en donde ver que un problema real necesita miradas simultáneas, no aisladas.
¿Cómo fue tu camino desde que egresaste hasta tu rol actual y qué aprendizajes destacarías de los distintos ámbitos en los que venís trabajando?
El camino fue dinámico. En todos los lugares que estuve siempre una apuesta a dar más y que sea lo mejor para la institución en la que trabajaba. Eso seguramente fue lo que me fue dando nuevos desafíos y oportunidades.
Destacaría dos espacios, ambos en educación universitaria. En Fundación de Cultura Universitaria (FCU), donde estoy actualmente, pasamos por una renovación institucional importante en los últimos 4 años. Aprendí algo clave: entender la institución, sus desafíos, asociar todo a un objetivo claro, y que eso no sea solo cosa de quien lidera, sino de todo el equipo. Cuando todos entienden por qué se hace algo, las cosas se mueven distinto.
Por otro lado, trabajé en la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo como funcionario y ayudante docente. Participé en proyectos del Instituto de Diseño, donde mi oficio de gestión ayudó a que algunos proyectos se concretaran más rápido. También colaboré en una reestructura docente en FADU, buscando dónde había oportunidades para mejorar los equipos. En ambos casos, vi lo mismo: las organizaciones cambien cuando logras que la gente entienda el objetivo, cuando construís equipo, cuando no es imposición.
¿Qué mirada o forma de analizar problemas sentís que te dio la carrera y que hoy marca una diferencia en tu trabajo?
La capacidad de ver los problemas de forma histórica y en colectivo. No como algo dado, sino como resultado de decisiones y dinámicas que podrían haber sido diferentes. Cuando llegué a FCU, no pregunté ¿Cuál es la mala gestión?, sino ¿Cómo llegó la institución a esta situación? ¿Qué decisiones pasadas la condicionan? Esa forma de pensar te salva de soñar con cambios imposibles. Te orienta hacia lo viable. Y te enseña que no existen recetas universales, cada contexto es diferente. Cada institución tiene su historia, sus actores, su ecosistema. Si ignorás eso, te estrellás. Por eso trabajo en diálogo constante en equipo y con otras disciplinas y siempre miro atrás para entender por qué las cosas son como son. Es la base para construir algo mejor.
Desde tu experiencia, ¿Qué aporta una mirada desde los estudios del desarrollo a los desafíos actuales (económicos, sociales, tecnológicos)?
Los estudios del desarrollo enseñan algo que falta en otros abordajes: ver simultáneamente lo técnico, lo político y lo social, sin reducir un problema a una sola lógica. Los desafíos actuales: IA, automatización, cambio climático, desigualdad, no son solo técnicos. Requieren la pregunta que la carrera enseña: ¿Para quién es esto? ¿Quién gana y quién pierde? Un profesional del desarrollo no cae ingenuo creyendo que con más tecnología o dinero se resuelve todo. Se pregunta qué cambios institucionales, políticos y sociales se necesitan para que la tecnología sea equitativa.
En este contexto de cambios acelerados (IA, transformaciones productivas, etc.), ¿Cómo ves el rol de los profesionales del Desarrollo?
Más relevante que nunca. La IA y la transformación productiva pueden amplificar desigualdades o reducirlas, depende completamente de las decisiones que tomemos. Los profesionales del desarrollo tenemos que estar en la mesa cuando se toman esas decisiones, preguntando ¿Cuál es el desarrollo que queremos? antes de que se adopte ciegamente la tecnología. También porque el cambio acelerado genera incertidumbre y conflictos. Las organizaciones necesitan gente que pueda gestionar la transición sabiendo que no todos ganan en una transformación, que eso se diga explícitamente. Cualquier cambio genera algo nuevo. Contar con profesionales que puedan acompañar ese proceso es fundamental. Pero siempre desde una mirada crítica: ¿El cambio para qué? ¿Para quién? Sin esas preguntas, el cambio puede amplificar los problemas que dice resolver.
¿Qué consejo te hubiera gustado recibir cuando estabas estudiando?
Tres cosas. Primero, que la formación en desarrollo es potente, pero el aprendizaje en la práctica, en el terreno, desde la experiencia es clave. Segundo: que el cambio institucional es lento. Mucho más lento que lo que esperas cuando sos joven. Pero también que es más posible de lo que parece si trabajás con paciencia y estrategia, no a los gritos. Y tercero: que terminás la carrera pero no termina el aprendizaje. Hay que estar constantemente cuestionándote, reflexionando sobre qué está funcionando y qué no. Seguir dudando, seguir preguntándote. Eso es lo que te permite seguir aportando en el rol que estés.
Si tuvieras que definir en una frase qué significa “pensar en clave de desarrollo”, ¿Cuál sería?
Pensar en clave de desarrollo es preguntarse y no encontrar respuestas. Es ir a buscar a otros para lograr una mejor respuesta y abrir nuevas preguntas. Algunas claves son: ¿Para quién hacemos esto? ¿Con qué objetivo? y ¿Qué cambios se necesitan para sostenerse?
Una idea que te haya cambiado la forma de ver el mundo:
Lo que existe hoy es resultado de decisiones que podrían haber sido diferentes y eso significa que el futuro también puede ser diferente.
Un desafío urgente para Uruguay:
La desigualdad. Si no trabajamos todos en el mismo barco, no vamos a llegar.