10 años, 10 trayectorias

Federico Lacaño
En el marco de los 10 años de la Auled, presentamos un ciclo de entrevistas que busca poner en valor las trayectorias profesionales de egresados y egresadas de la carrera, así como visibilizar los aportes de la formación en desarrollo a los desafíos actuales.
La iniciativa, titulada “10 años, 10 trayectorias”, propone recoger y difundir experiencias diversas que reflejen los distintos caminos posibles a partir de la formación en la Licenciatura en Desarrollo de la Universidad de la República, en ámbitos como la gestión pública, el sector privado, la academia, la cooperación internacional y el trabajo territorial.
Federico Lacaño
Me recibí en la Licenciatura en Desarrollo en el año 2022, y desde ese entonces he trabajado investigando diferentes temáticas: procesos migratorios recientes, los impactos de la tecnología en el mundo laboral, investigaciones de opinión pública, estudios de mercado y consultorías. Actualmente trabajo en la Comisión Técnico Asesora de AEBU, realizando diversas tareas. Por un lado, se trabaja en proyectos de investigación en temas de interés para la institución. En los últimos años hemos trabajado – muchas veces en conjunto con investigadores de la Udelar – en proyectos orientados a diagnosticar y proponer soluciones al endeudamiento de los hogares uruguayos, así como en estudios sobre el futuro del empleo. Más recientemente, comenzamos a abordar nuevas líneas de trabajo, como los procesos de transición justa. Otra parte importante de la tarea consiste en elaborar informes de coyuntura sobre el sistema financiero, asesorar al sindicato en las rondas del Consejo de Salarios, y elaborar documentos que profundicen sobre temas que sean de interés para la institución.
¿Por qué elegiste estudiar la Licenciatura en Desarrollo?
Inicialmente me inscribí a la Facultad de Ciencias Sociales con la idea de cursar otra carrera, pero en el primer año la materia Problemas del Desarrollo fue de las que más disfruté y captó mi interés. A partir de eso, empecé a investigar más sobre la carrera (de la que al principio no tenía demasiada información) y lo que más me atrajo fue la posibilidad de formarme en los procesos de desarrollo, orientados a mejorar la calidad de vida de las personas. Me resultó especialmente interesante el abordaje interdisciplinario, y el hecho de contar con materias que incluían formación en economía, ciencia y tecnología, estudios ambientales, entre otras. Asimismo, también me gustaron las temáticas que se ofrecían en los Módulos Optativos Integrales, y la idea de profundizar en estos conocimientos. Todos estos aspectos, terminaron de convencerme de que era una carrera que estaba muy alineada a mis intereses y expectativas.
Mirando hacia atrás, ¿Qué herramienta, concepto o forma de pensar de la carrera usas más hoy, aunque a veces no te des cuenta?
Los mayores aprendizajes que me llevo de la carrera, justamente no están tan asociados a una herramienta o conocimiento teórico concreto, sino a una forma de interpretar los problemas o de analizar la realidad. Considero que la licenciatura te forma como un profesional crítico, con capacidad analítica y reflexiva. En este sentido, la forma de pensar que más identifico que uso hoy en día, es la de considerar la complejidad que tienen los problemas sociales: entender que rara vez se explican por una única causa o pueden resolverse con soluciones simples o “recetas importadas”. Esto último implica, entre otras cosas, que a la hora de trabajar en proyectos vinculados a problemáticas sociales, considero imprescindible la incorporación de diferentes perspectivas y actores a la hora de pensar posibles abordajes, buscando considerar diferentes tipos de saberes.
¿Hay algún momento, curso o experiencia que te haya hecho un “click” durante la carrera?
Uno de los primeros “click” que identifico en la carrera fue cursando la materia Bases Teóricas del Desarrollo, ya que allí comencé a incorporar esta idea de que la conceptualización del desarrollo es mucho más compleja a lo que habitualmente se presenta en el debate público, donde suele asociarse casi automáticamente al crecimiento o desarrollo económico. A partir de esto, empecé a verlo mucho más como un concepto histórico, en permanente construcción y disputa. Además, fui incorporando esta idea de que el desarrollo tiene una fuerte dimensión normativa, ya que implica definiciones sobre qué se considera deseable como sociedad, y qué objetivos vale la pena perseguir. En este sentido, creo que este primer “click” estuvo muy vinculado al contacto con corrientes críticas que cuestionan las visiones más tradicionales (muchas veces con enfoques economicistas o con una mirada occidental del desarrollo).
¿Cómo fue tu camino desde que egresaste hasta tu rol actual?
Mi trayectoria de egreso está muy vinculada a mi trabajo actual. Mientras cursaba Taller II, comencé una pasantía en AEBU, que consistía en incorporarme a un equipo de trabajo, que tenía por cometido estudiar los efectos que generaba la tecnología en los puestos de trabajo del sistema financiero, y realizar talleres prospectivos para reflexionar sobre las posibles posturas que podía adoptar el sindicato en ese contexto. Ese equipo estaba conformado por la Comisión Técnica Asesora de AEBU (integrado en ese momento por tres economistas), y dos investigadoras de la Udelar. Cuatro meses después de haberme recibido, se abrió una vacante en dicha Comisión Técnica y ante la propuesta de que me incorporara, comencé a trabajar allí. En este sentido, considero que ha sido un camino positivo y disfrutable el que inicié a partir de la etapa final de la carrera, y estoy muy satisfecho con mi inserción laboral. Por esta razón, siempre me parece importante destacar la práctica de las pasantías como un gran activo que tiene la carrera, que al ser aún relativamente nueva, permite la incorporación de profesionales en áreas de interés.
¿Qué aprendizajes destacarías de los distintos ámbitos o sectores en los que venís trabajando?
A lo largo de mi trayectoria trabajé principalmente en tres ámbitos: investigación académica, consultoría y, actualmente como asesor para el movimiento sindical. Cada uno de estos espacios me permitió desarrollar distintas habilidades. En una primera etapa, estuve vinculado a proyectos de investigación en la Udelar (algunos aún como estudiante), participando en investigaciones sobre migración, futuro del trabajo, y más adelante, sesgos en inteligencia artificial. Esas primeras experiencias me permitieron seguir incorporando formación metodológica – tanto cuantitativa como cualitativa – buscando generar conocimiento riguroso, y al mismo tiempo, me permitió familiarizarme con distintas temáticas. Luego, trabajé como analista de investigación en una consultora de opinión pública y estudios de mercado. Allí desarrollé habilidades de comunicación, que ponía en práctica a la hora de comunicar resultados e informes, profundizar en metodologías como focus group, y desarrollar una capacidad para trabajar con plazos más acotados y abordar temas variados en poco tiempo. Finalmente, en mi rol actual en AEBU, como mencionaba antes, desarrollo tareas muy diversas. Uno de los aspectos que más disfruto es poder generar líneas de trabajo con otros actores (principalmente lo hacemos con la Universidad), para aportar desde la institución, diagnósticos y recomendaciones de medidas sobre ciertos problemas sociales involucrados al sector financiero (por ejemplo, el endeudamiento de los hogares). Asimismo, creo que uno de los principales aprendizajes y desafíos es traducir las preocupaciones o planteos del sindicato, en insumos técnicos que contribuyan a abordar esas temáticas.
¿Qué mirada o forma de analizar problemas sentís que te dio la carrera y que hoy marca una diferencia en tu trabajo?
Creo que una de las principales fortalezas que me dio la carrera es la formación multidisciplinaria, que permite abordar una diversidad de temáticas -incluso algunas que inicialmente pueden no ser un área específica de expertise propia–, y luego de un proceso de trabajo poder abordarlas de forma reflexiva, crítica y profunda. A su vez, esa formación también facilita mucho el trabajo con personas que tienen formación de otras disciplinas o áreas. Entender que muchas veces es necesario abordar las diferentes temáticas desde múltiples miradas, y que esto permite que uno pueda integrarse en equipos diversos, así como también aportar desde un rol articulador entre diferentes actores. Asimismo, hoy en día en mi trabajo —a diferencia de lo que pensábamos en la etapa de estudiantes— considero que la formación metodológica que me brindó la carrera, me permite hacer buenos aportes en mi equipo de trabajo, a partir del uso de distintas herramientas.
Desde tu experiencia, ¿Qué aporta una mirada desde los estudios del desarrollo a los desafíos actuales (económicos, sociales, tecnológicos)?
Creo que uno de los grandes aportes de los estudios del desarrollo es el de integrar ciertas problemáticas, que muchas veces se analizan de forma separada. Hoy en día, muchos de los desafíos actuales están sumamente interconectados entre sí, y abordarlos de forma aislada difícilmente genere buenas respuestas. En ese sentido, un enfoque que pueda contemplar las dimensiones económica, social, ambiental, política, entre otras, es una gran contribución a la hora de pensar posibles abordajes a las problemáticas actuales. Además, los estudios del desarrollo permiten pensar respuestas a estos desafíos adaptados a las realidades específicas de cada país o territorio, cuestionando soluciones simplificadas.
En este contexto de cambios acelerados (IA, transformaciones productivas, etc.), ¿Cómo ves el rol de los profesionales del Desarrollo?
En un mundo donde los cambios se producen de forma cada vez más acelerada, creo que los Licenciados en Desarrollo puede ser muy importantes. Los procesos de cambios actuales no son exclusivamente tecnológicos, sino que tienen impactos en el mundo del trabajo, en la productividad, en la desigualdad, entre otras. Frente a un escenario de mayor incertidumbre, donde muchas veces aparecen discursos y actores que prometen abordajes simples a problemas complejos, creo que el aporte del Licenciado en Desarrollo está en justamente lo contrario: ayudar a complejizar el análisis, incorporar distintas miradas y promover abordajes más integrales y sostenibles. También podemos desplegar un rol importante en la articulación entre actores —Estado, sector privado, trabajadores, academia—, para pensar cómo se pueden orientar estos procesos, de forma que contribuyan a una mejora en el bienestar de las personas.
¿Qué consejo te hubiera gustado recibir cuando estabas estudiando?
Por momentos, a medida que iba avanzando en la carrera, una de mis preocupaciones era que el campo de inserción laboral de los Licenciados en Desarrollo fuera más acotado de lo que creía. En este sentido, me parece importante transmitirles a los estudiantes que la carrera está estructurada de forma tal que permite desarrollar diferentes perfiles según los intereses de cada uno, y esto les va a permitir insertarse en campos laborales muy variados. Por este motivo, es que creo que a lo largo de la formación, se puede aprovechar la carrera para explorar intereses propios, y pensar como desde los estudios del desarrollo se puede construir un perfil que se adapte a lo que uno desea a futuro.
Si tuvieras que definir en una frase qué significa “pensar en clave de desarrollo”, ¿Cuál sería?
Analizar los problemas de manera integral y colectiva, considerando sus múltiples dimensiones, con el objetivo de contribuir a procesos que mejoren la calidad de vida de las personas.
Un concepto clave del desarrollo:
Dimensión normativa.
Una idea que te haya cambiado la forma de ver el mundo:
Que no existe una única forma de entender el desarrollo, y que cada sociedad debe poder definir su propio camino según sus valores, prioridades y formas de vida.
Un desafío urgente para Uruguay:
Posiblemente no sea muy original, pero el hecho de que uno de cada tres niños en nuestro país se encuentre en situación de pobreza es un claro obstáculo para el desarrollo —además de plantear un problema ético y moral sobre las condiciones de vida que estamos dispuestos a aceptar como sociedad—, y para que cada persona pueda llevar adelante la vida que desea vivir.