AULeD - Asociación Uruguaya de Licenciados en Desarrollo

10 años, 10 trayectorias: Mateo Cattivelli

10 años, 10 trayectorias

Mateo Cattivelli

En el marco de los 10 años de la Auled, presentamos un ciclo de entrevistas que busca poner en valor las trayectorias profesionales de egresados y egresadas de la carrera, así como visibilizar los aportes de la formación en desarrollo a los desafíos actuales.

La iniciativa, titulada “10 años, 10 trayectorias”, propone recoger y difundir experiencias diversas que reflejen los distintos caminos posibles a partir de la formación en la Licenciatura en Desarrollo de la Universidad de la República, en ámbitos como la gestión pública, el sector privado, la academia, la cooperación internacional y el trabajo territorial.

Mateo Cattivelli

Soy licenciado en Desarrollo, tengo 32 años y soy primera generación de universitarios en mi familia. Estudié Historia Económica a nivel de maestría, aunque me queda pendiente terminar la tesis. A nivel laboral, actualmente tengo dos grandes líneas de trabajo. Por un lado, me desempeño como docente e investigador en la Facultad de Ingeniería de la Udelar, en un departamento cuyo nombre no le hace ninguna justicia: el Departamento de Inserción Social del Ingeniero, donde hace poco cumplí cuatro años. Allí dictamos cursos de grado en las carreras de ingeniería en los campos de economía y estudios sociales de ciencia, tecnología e innovación. Mi agenda de investigación allí se ha centrado en problemas de innovación y desarrollo, políticas de CTI y, en particular, en el sector TIC en Uruguay (incluyendo el subsector de inteligencia artificial, sobre el cual estuve trabajando hasta hace pocos meses). También me ha interesado de forma más general, el asunto de las políticas de desarrollo productivo y de CTI en Uruguay.

Por otro lado, desde marzo de 2025 me desempeño como asesor del Directorio de la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE). Las tareas han sido variadas: al inicio del período me enfoqué en la planificación estratégica institucional para el quinquenio; luego trabajé en iniciativas de cooperación y articulación con otros actores del sistema productivo nacional (empresas públicas, agencias, ministerios); y más recientemente mi trabajo se ha centrado en la iniciativa de la Estrategia Nacional de Desarrollo. Más allá de lo profesional, me considero también un militante social y político, dimensión que ha transversalizado y ha dotado de sentido a buena parte de mis intereses académicos y profesionales.

¿Por qué elegiste estudiar la Licenciatura en Desarrollo?

Al terminar el liceo atravesé una profunda “crisis vocacional”. Me interesaban aspectos muy variados de las ciencias sociales y las humanidades: la economía, la sociología, la historia, la ciencia política, la geografía, el derecho, entre otras. Por fortuna —y verdadera serendipia— di con la Licenciatura en Desarrollo. Miré en detalle su perfil de egreso y su malla curricular, y encontré allí una salida inmejorable a esa crisis. Crisis que, en alguna medida, aún persiste, pero que la Licenciatura, mis estudios de posgrado y otros estudios complementarios han contribuido a canalizar —y con ello a construir mi trayectoria—, aunque siempre con estadios más bien provisionales y no exentos de tensión.

Mirando hacia atrás, ¿Qué herramienta, concepto o forma de pensar de la carrera usas más hoy, aunque a veces no te des cuenta?

La verdad es que es difícil identificar una sola. Se suele decir —y con razón— que quienes nos formamos en la LeD tenemos una mirada integral y holística sobre los problemas del desarrollo. Estoy de acuerdo con esa idea, pero creo que hay una herramienta especialmente potente que me acompaña hasta hoy, y que quizás suene banal o trivial: la capacidad de situar los problemas, acontecimientos y alternativas en su contexto. Esa forma de mirar permite reconocer la naturaleza multidimensional y multifacética de los problemas del desarrollo, incorporando además la especificidad de la “condición periférica”. Es lo que nuestros maestros y maestras del estructuralismo latinoamericano definieron como un rasgo distintivo: el enfoque histórico-estructural. Para mí, se trata de un aporte sustantivo de la carrera, que me acompaña un día sí y otro también.

¿Hay algún momento, curso o experiencia que te haya hecho un “clic” durante la carrera?

Fueron varios los momentos que me marcaron. Algunos cursos fueron realmente importantes: los de historia del pensamiento y teorías desarrollo, teoría sociológica, ciencia tecnología e innovación, instituciones, estado y políticas públicas, políticas productivas, entre otros. Pero si tuviera que identificar un momento clave, ese fue el Taller de Desarrollo. A partir de allí confluyen dos experiencias que, siendo muy distintas, resultaron profundamente complementarias y formativas. Por un lado, realicé una pasantía de egreso en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), en el momento en que se elaboraba la Estrategia Uruguay 2050. Eso me permitió tener un primer contacto real con la política pública de desarrollo, con sus lógicas, características, tiempos y tensiones. Por otro lado, desarrollé una monografía: un proceso mucho más solitario y abstracto, hecho de lecturas, búsqueda bibliográfica y reflexión. La combinación de ambas experiencias fue formidable, y es algo que recomiendo especialmente por lo complementario de cada una.

¿Cómo fue tu camino desde que egresaste hasta tu rol actual?

Egresé en 2019. Desde entonces, han pasado algunas cosas. En mis comienzos, como probablemente le ocurre a casi todo cientista social que se precie de tal, tuve mis primeras experiencias en encuestas de opinión pública y de mercado, y también en el Instituto Nacional de Estadística. El primer gran eje de mi trayectoria ha sido la Universidad de la República. Desde antes de egresar ya estaba vinculado a la Udelar, primero en la Unidad Académica de la Comisión Sectorial de Investigación Científica y luego, desde 2022, como docente e investigador en la Facultad de Ingeniería.

El segundo eje ha sido el de la consultoría y el trabajo técnico con una diversidad de actores e instituciones, tanto nacionales como internacionales. En ese punto, he trabajado en temas que van desde las habilidades digitales en jóvenes y la ciencia, tecnología e innovación, hasta la agenda energética, pasando también por el mundo sindical a través del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT. A lo que se suma el trabajo en la política pública, actualmente como asesor del Directorio de la Agencia Nacional de Desarrollo.

En definitiva, ha sido un camino diverso y ecléctico —quizás demasiado—. Sin embargo, resulta claro, al menos a mí, que todos estos asuntos orbitan alrededor de las mismas preguntas sobre desarrollo, innovación y transformación productiva, aunque desde distintos lugares y con distintas herramientas. Y subyace en todo ello una intención que va más allá de pensar los problemas: se trata también de transformarlos, de llevar las ideas a la práctica. La reflexión académica y la acción concreta no son, para mí, caminos opuestos, sino enfoques complementarios.

¿Qué aprendizajes destacarías de los distintos ámbitos en los que venís trabajando?

Han sido varios los ámbitos y cada uno me dejó algo distinto. La academia me dio enormes y generosos grados de libertad para investigar los temas que me preocupan. Es un trabajo con mucho de solitario por momentos, pero fue el espacio que más personas y redes me ha dado. Las consultorías me acercaron a temas nuevos desde una lógica más orientada al diagnóstico y las recomendaciones concretas. El trabajo con el movimiento sindical me permitió ver otras dimensiones y pensar en la co-construcción con los trabajadores y trabajadoras organizadas. Y la ANDE me está mostrando los grandes desafíos de la esfera pública y los vinculados a llevar las ideas a la práctica, que no son pocos.

Desde tu experiencia, ¿Qué aporta una mirada desde los estudios del desarrollo a los desafíos actuales (económicos, sociales, tecnológicos)?

En los desafíos actuales, la mirada desde los estudios del desarrollo aporta algo que escasea: la capacidad de pensar en futuros posibles y en alternativas. Si hay algo que nos muestra la historia es que el desarrollo no es un destino inevitable ni un proceso espontáneo, sino algo que se construye —o se destruye— según cómo orientemos la distribución del bienestar y las formas que nos demos para organizar nuestras sociedades. En un momento en que las transformaciones tecnológicas, la muerte, la guerra, las desigualdades, la crisis de las democracias y la crisis ambiental nos interpelan con urgencia, esa mirada resulta no solo relevante sino imprescindible.

En este contexto de cambios acelerados (IA, transformaciones productivas, etc.), ¿Cómo ves el rol de los profesionales del Desarrollo?

El rol de los y las profesionales del desarrollo resulta absolutamente clave. Las transformaciones tecnológicas y productivas han generado enormes desafíos pero también oportunidades de desarrollo. Pensar todo esto desde una perspectiva sectorial, parcial, o en definitiva, sin colocar al desarrollo en el centro, sería, tomando las palabras de Oscar Varsavsky: demente, inmoral y suicida.

¿Qué consejo te hubiera gustado recibir cuando estabas estudiando?

Me hubiera gustado ser más receptivo y sensible a la dimensión ambiental del desarrollo. Es, una debilidad grande en mi pensamiento, aunque sé que la carrera ha avanzado en este aspecto.

Si tuvieras que definir en una frase qué significa “pensar en clave de desarrollo”, ¿Cuál sería?

Pensar en clave de desarrollo es negarse a aceptar que las cosas son como son porque no pueden ser de otra manera. Es preguntarse siempre por las alternativas. Implica audacia y creatividad para construir nuevas heurísticas que permitan pensar los problemas de otra manera. Me quedo con Celso Furtado, que lo dijo mejor que nadie: el desarrollo no es solo acumulación y productividad, sino el camino hacia formas sociales más aptas para estimular la creatividad humana y responder a las aspiraciones de la colectividad.

Un concepto fundamental del desarrollo:

Pública felicidad.

Un desafío urgente para Uruguay:

Crecimiento y distribución.

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