AULeD - Asociación Uruguaya de Licenciados en Desarrollo

10 años, 10 trayectorias: Emiliano Santa Cruz

10 años, 10 trayectorias

Emiliano Santa Cruz

En el marco de los 10 años de la Auled, presentamos un ciclo de entrevistas que busca poner en valor las trayectorias profesionales de egresados y egresadas de la carrera, así como visibilizar los aportes de la formación en desarrollo a los desafíos actuales.

La iniciativa, titulada “10 años, 10 trayectorias”, propone recoger y difundir experiencias diversas que reflejen los distintos caminos posibles a partir de la formación en la Licenciatura en Desarrollo de la Universidad de la República, en ámbitos como la gestión pública, el sector privado, la academia, la cooperación internacional y el trabajo territorial.

Emiliano Santa Cruz

Ingresé a la Licenciatura en Desarrollo en la Generación 2011, y por tanto fui uno de los primeros que nos aventuramos en esta carrera. Actualmente trabajo en la Intendencia de Canelones vinculado a planificación estratégica y análisis territorial, en la Unidad de Planificación y Estudios Estratégicos donde me desempeño desde hace más de 8 años. Como canario, más específica y orgullosamente cerrillense, poder volver a mi departamento como profesional y aportar en su construcción cotidiana es doblemente satisfactorio. En el 2021 realicé un diplomado en la Universidad Tecnológica del Uruguay sobre evaluación para el cambio buscando incorporar elementos para profesionalizar el trabajo evaluativo en la gestión pública departamental. Creo que en esta área hay un campo sumamente fértil por trillar donde los estudios del desarrollo también tienen mucho para aportar. También me encuentro finalizando la maestría en Demografía y estudios de población de la Facultad de Ciencias Sociales, con el objetivo de poder orientar mis estudios en desarrollo hacia cuestiones demográficas, con énfasis en los estudios migratorios que para nuestro país han adquirido nuevas dimensiones en los últimos años.

¿Por qué elegiste estudiar la Licenciatura en Desarrollo?

Para ser sincero mi elección por la Led fue un poco fortuita. Me encontraba en un proceso de búsqueda de mi vocación profesional después de un pasaje por la Facultad de Agronomía. Entendía que mi rumbo iba a por las Ciencias Sociales pero no tenía claro por dónde y me inscribí en la FCS con la intención de hacer sociología pero con la puerta abierta a otras opciones. En el ciclo inicial, cuando tuve el curso de problemas de desarrollo me convencí de que lo que buscaba podía encontrarlo en la Led porque era una carrera nueva que abría un abanico interesante para entrar en las ciencias sociales desde múltiples lugares que permiten irse redefiniendo constantemente, como el desarrollo en sí mismo.

Mirando hacia atrás, ¿Qué herramienta, concepto o forma de pensar de la carrera usas más hoy, aunque a veces no te des cuenta?

Una carrera que se sustenta en el desarrollo te aporta una forma de ver la realidad basada en la complejidad de las cosas. Al compartir espacios de trabajo con diversos profesionales, cuando en la mesa hay un licenciado/a en desarrollo enseguida te das cuenta y congenias, porque emerge esa forma de abordaje de los problemas de la realidad que entrecruza miradas, que piensa desde lo multidimensional, que no es hija de una única disciplina sino producto de la interacción de distintos saberes científicos. Entonces, esa forma de analizar en lo cotidiano desde la integralidad y lo complejidad proyectos e iniciativas que apuestan al desarrollo desde una concepción transformadora es un valor que se construye en la carrera y se impregna.

¿Hay algún momento, curso o experiencia que te haya hecho un “click” durante la carrera?

Cuando crees que empiezas a entender un poco esto de qué es el desarrollo aparece un curso que, desde otra óptica y otro lugar, te hace repensar todo. Creo que la Led, y el plantel docente que la lleva a cabo, tiene un poco eso. Pero hay un curso que en lo personal me hizo entender lo valioso de la interdisciplina para nuestra carrera y sentir que una carrera como la nuestra tenía mucho para aportar en el diálogo entre saberes. Un curso optativo sobre agricultura familiar, justamente en Facultad de Agronomía de donde me había ido huyendo un par de años antes por una crisis vocacional. En este curso abordamos un problema concreto y real del desarrollo, el relevo generacional, en lo que fue una de mis primeras experiencias de investigación académica compartiendo con estudiantes de otras carreras. Allí entendí que nuestro rol podía ser muy valioso, en esto de aportar una mirada sistémica a los fenómenos de estudio, de analizar desde diferentes ópticas, de integrar saberes, de jugar en equipo.

¿Cómo fue tu camino desde que egresaste hasta tu rol actual?

El comienzo fue desafiante porque se trataba de una carrera nueva, con pocas personas egresadas, y hasta con una denominación un poco genérica (había personas, si no las hay aún, que pensaban que veníamos del mundo computacional o incluso inmobiliario). Entonces durante los dos primeros años post egreso me cuestionaba por qué no había seguido en agronomía, donde seguro además de evitarme el dilema de explicarle a las personas qué había estudiado, hubiese tenido una inserción laboral probablemente menos dificultosa. Pero como el abanico que me había ofrecido la Led por suerte tenía un rango amplio de apertura comencé a buscar distintos nichos donde insertarme y así me involucré en proyectos de investigación sobre la corresponsabilidad de género, juventudes rurales, la gestión de proyectos de riesgos de incendios e inundación, el desarrollo de propuestas de identidad local, y hasta de turismo patrimonial. Luego, gracias a la pasantía de egreso que había realizado durante el taller de desarrollo, recibí una propuesta para integrarme a la entonces Oficina de Planificación y Desarrollo de la Intendencia de Canelones, como el primer licenciado en desarrollo de la organización, hasta donde me desempeño hoy en día en otro rol. En forma complementaria también he sido parte de diversos equipos de investigación en proyectos puntuales tanto desde el ámbito académico como desde organizaciones de la sociedad civil.

¿Qué aprendizajes destacarías de los distintos ámbitos en los que venís trabajando?

Como el comienzo en el mundo profesional del desarrollo fue un poco sinuoso, tuve la posibilidad de desempeñarme en diversos ámbitos privados, académicos y públicos. Y desde cada uno se extraen experiencias y aprendizajes distintos y complementarios, que nutren el acervo profesional. Cada ámbito tiene tiempos, demandas, formas de trabajo e interrelación, entre otros múltiples aspectos, que difieren y que también que se comparten. Por eso es importante situarse, entender el rol que se ocupa y actuar sin perder de vista que en el horizonte está esa visión del desarrollo como un proceso orientado a la mejora de la sociedad. Además el desarrollo como fenómeno complejo siempre está sujeto a desafíos que nos interpelan y nos exigen pensar creativamente todo el tiempo para ir encontrando nuevas respuestas. Y desde cada ámbitos se cuenta con posibilidades y recursos distintos que hay que aprender a articular de formas creativas justamente, dejando aprendizajes muy valiosos en este camino profesional.

¿Qué mirada o forma de analizar problemas sentís que te dio la carrera y que hoy marca una diferencia en tu trabajo?

Más allá de lo que ya mencionaba respecto de la mirada compleja que en la carrera hemos trabajado cuasi como una condición inherente a nuestro pensar, creo que la capacidad de cuestionar y analizar de forma crítica es otro de los fuertes de quienes compartimos esta profesión. Tengo en la retina marcado un momento del ciclo inicial en facultad, en el que nos mostraban una foto de edificios bonitos, modernos y con un verde acorde al paradigma ecofriendly de moda, y nos preguntaban si creíamos que esa era una zona desarrollada. La mayoría asentimos, pero cuando esa imagen dejó de tener el zoom puesto en los edificios, y nos mostró el entorno rodeado de tugurios en una zona altamente dual de San Pablo, el docente nos recordó que debemos tener la capacidad de mirar más allá, pero además analizar de forma crítica qué es y qué no es desarrollo.

Desde tu experiencia, ¿Qué aporta una mirada desde los estudios del desarrollo a los desafíos actuales (económicos, sociales, tecnológicos)?

En línea con lo anterior, creo que debemos tener un rol activo en interpelar lo que se hace (y lo que no) “en nombre del desarrollo” para evitar, o al menos minimizar, el riesgo de que un concepto de por sí bastante polisémico y discutido, además sea utilizado para lograr fines que nada tienen que ver con mejorar la vida de las personas. También me parece clave que podamos entender esta cuestión del desarrollo, no solo desde los desafíos actuales, sino también de los venideros, en esto del vínculo intergeneracional. Nuestros modelos de desarrollo no son solo nuestros, también legan en quienes vendrán, y por lo tanto esa mirada larga que se debe tener desde nuestros estudios es fundamental. Acá miro con admiración frecuentemente los planes de desarrollo que por ejemplo China ha elaborado con una mirada de 100 años, porque el hacer de hoy sin dudas estructurará las posibilidades del mañana.

En este contexto de cambios acelerados (IA, transformaciones productivas, etc.), ¿Cómo ves el rol de los profesionales del Desarrollo?

El desarrollo y sus endemias, además de ser complejas por sus propias características, mutan a las velocidades que imprime la sociedad con sus frenos e impulsos. Por eso, desde el ámbito en que se esté es clave reconocer que el mundo es cambiante por naturaleza y que un profesional del desarrollo tiene y debe acompañar estos cambios, transoformándose continuamente como parte de su esencia. Por lo tanto, creo que en esa forma de salirse de lo estático tenemos mucho para aportar.

¿Qué consejo te hubiera gustado recibir cuando estabas estudiando?

Que la licenciatura básicamente representa una valija de herramientas con algunas piezas claves e indispensable. Pero que esa valija tiene muchísimo espacio que hay que seguir completando porque un mundo tan cambiante y un concepto como el desarrollo, tan dinámico como relativo, así lo exigen. Entonces la carrera representa el inicio de un camino, más que un punto de llegada que es lo que uno cuando es estudiante tiene por ahí en su imaginario. Hay que seguir desarrollándose con experiencias e interdisciplinariedad principalmente, con formación -considerando especialmente las posibilidades en otros servicios universitarios-, con vinculación directa con otros profesionales, con participación en ámbitos de discusión social, entre otras. Y esto está bueno también incorporarlo durante la carrera como parte del camino formativo.

Si tuvieras que definir en una frase qué significa “pensar en clave de desarrollo”, ¿Cuál sería?

Pensar con “y”, recordando la importancia de la agregación de esas múltiples dimensiones de la realidad que se solapan y complejizan el fenómeno del desarrollo. Sería algo así como pensar en el crecimiento y en la desigualdad, y en su sostenibilidad, y en la equidad territorial, y en la diversidad cultural, y las capacidades para llevar a cabo todo esto, y, y, y…

Un concepto fundamental del desarrollo:

La interdependencia.

Una idea que te haya cambiado la forma de ver el mundo:

Nada puede perdurar, a excepción de la transformación.

Un desafío urgente para Uruguay:

La desigualdad estructural y su repercusión en las infancias.

Perfil LinkedIn de Emiliano